Mi mitología.
Muévete, desplázate hacia mí.
Con decisión, con firmeza,
Con esa ansia enfermiza.
¿Quién más merma tus pesares, tus ideas crónicas?
Soy ese medio con el cual divides
La desesperaza del júbilo,
Entregándote a este último.
Sí, soy yo, ¿a qué temes?
Somos viejos compañeros, viejos conocidos,
Viejos ciegos de ideas cruentas,
Pero, a fin de cuentas,
Complementarios el uno para el otro.
¿Obsesión? ¿Necedad? ¿Un poco de ambas?
Sí, un poco de ambas.
Y aunque tu ausencia me genere desazón y desconcierto,
No te obligo a quedarte.
Eres tan libre de estar
Como también lo eres de partir
Y dejarme nadando
En el éter de mi conciencia,
Como si fueran vastos
Océanos de cráneos.
Eres libre pero si lo deseas toma mi mano.
Mírame a los ojos;
Seamos uno y, a cambio,
De hundirme yo, solo,
En las profundidades del mar;
Bajemos a los paraísos que esconde y resguarda Neptuno.
En las catacumbas del océano,
Donde todavía no se apaga tu bella aura,
Mi hermosa Venus.
