Encierro.
Resido en una realidad tinturada de tonalidades grises
Y llena de luces tenues.
Habitada, también,
Por setos y árboles negros
Que intentan bordar mi alma,
Tratando de remendarla.
Cada consigna, por más inoportuna que fuese,
Y con el paso del tiempo,
He aprendido a abrazarla.
Porque, al igual que el Don Quijote de Cervantes,
Uno decide en qué realidad desea vivir.
Molinos de viento o gigantes.
Penurias o sonrisas.
A fin de cuentas,
Nuestra existencia no termina siendo una condena,
Sino una elección.
