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Mostrando las entradas de julio, 2020

Compañía en la luz de la luna.

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Un ser consumido De abatimiento y soledad. Sentimientos proporcionales A sus delirantes deseos De compañía Y a su íntima locura. Un espíritu tenue,  Colmado de sentires vanos, Que habita en un abrupto abismo, Contiguo a los acantilados Que exponen la llanura de su alma. Una conciencia agraviada,  Entregándose a las puertas del infierno, Para recordar por última vez, Y con un hilo de luz, Como se levanta la luna En medio de las tinieblas de la noche.

La ciencia de la complicidad.

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La complicidad es saber estar con el otro. Es ese disfrute en medio del más profundo silencio. Son esos dichosos momentos donde no se precisa decir nada y el cruce de miradas llena ese mutismo con una tensión acaudalada de sentimientos prófugos que emergen desde las entrañas y que culminan en el éxtasis de un beso cargado de emociones. La complicidad es el buen compartir. También es libertad mutua. Porque se debe tener presente que ambas partes son compañeros de viaje, mas no destinos fijos de los cuales sé esté prohibido aventurar un poco más allá, pues la complicidad no ata. La complicidad sensibiliza. Nos hace hallar las palabras justas. Nos abre el alma y crea un vacío al cual saltamos con unas medida de seguridad llamadas confianza y entrega. Una confianza y una entrega absoluta. Pues ambos precisamos ser cómplices de ese vacío. Ya que al saltar en él, le damos el poder de que nos lleve a los infiernos, confiando en que nuestras almas ahí no se consumirán.

La distancia como único complemento.

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Ahora que la soledad es nuevamente mi hogar, No me pesa. Pero siento mucha angustia. Porque tú habías empezado a ser parte de mí, Y yo, parte de vos. Nos prometimos ser complementarios, Pero en el desliz de la incertidumbre Y el desconocimiento No supimos sostenernos. Y ahora, bajo tus condiciones, Que considero las más justas Y razonables, En este nuevo punto de partida Enteramente individual, Nos encontramos como unos completos desconocidos El uno del otro. Y de esta forma, Dando por hecho, Que la distancia Fue nuestro único complemento.

Vastas montañas repletas de angustia.

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Buscamos y anhelamos la cumbre Como si fuera una plenitud, Sabiendo muy bien que el ascenso Es maltrecho y cruel. Buscamos aferrarnos de cualquier roca Como si de un ideal se tratase, Intentando no desistir. Desgraciadamente no es suficiente, Tan solo basta dirigir nuestra mirada a un abismo Para sentir un gran vacío Al ver la futilidad de nuestro devenir. Y ahí me pregunto ¿Llegar a la cumbre? ¿Para qué? Solo te espera un gran silencio en esa cima, Un mutismo sepulcral. Que en lugar de brindarte un catarsis, Te dejará inmerso  En una angustia irreversible.

Mensajes en clave que nos unen.

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Avanzo a la par de tu caminar. Completamente sosegado, Invadido de tranquilidad. Me pierdo en tu mirada, Y te me acercas al oído A recitar tus deseos más emocionales, más íntimos. Mi mente es invadida por recuerdos, Y al mismo tiempo, Un pensamiento recurrente se manifiesta otra vez: Las flores y sus simbolismos. Orquídeas y cristantemos. Escuetos y hermosos retoños Que van creando nostalgias dentro de mí. La primera, manifiesta, el impetu de tu sensualidad. Y la segunda, la de tu apacible tranquilidad. La misma que siento yo, a tu lado. A la par de tu caminar.

Revisiones que concluyen en devastación.

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En ocasiones rompemos nuestra división corpórea Y terminamos escudriñando Todo manifiesto de nuestra mente, Condenando nuestro juicio A múltiples quiebres, Resultado de ensoñaciones excesivas Que podrían compararse A pensamientos e irrealidades De un individuo esquizofrénico. Nos vemos sumidos En una gran desesperación Por la desmesurada profundidad Que logramos conseguir Al divagar en las entrañas de nuestra psique. Rompemos los parámetros de nuestra mente, Hasta caer rendidos. Concluyendo las revisiones internas Con desvaríos y un enorme pesimismo. Y es que resulta que, Examinar su propia mente, Es lo peor que puede hacer un loco.

Absorta culpabilidad.

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Llena de melancolía. Adquiriendo un descontrol total de sus impulsos. Dándose cuenta, nuevamente, de su absoluta miseria emocional; irrumpiendo en un horrible llanto que la desgarra fuertemente. Mostrando, de esta forma, todo el dolor que la consume; mientras, a su vez, sigue con su mirada fija y bien puesta en la fuente de su tormento. Sin apartarla, ni un segundo, del espejo que tiene en frente. Grandes lágrimas brotan de sus ojos, y van marcando un camino trémulo en sus mejillas, llegando a inundar con su tristeza todo lo que esté cercano a ella: sean personas o paredes. Sí, paredes, que llegan a ser concientes de la gran pesadez de sus lágrimas y sus tormentos más crónicos. Sin embargo, confía en las paredes, ellas la escuchan, le brindan un bien escaso: ser escuchado en silencio. Ahora se dirige a su habitación, a sus 4 paredes habituales. Se sirve un trago de vino para entrar en calor, y enciende un cigarrillo. Las paredes y los vicios resultan ser la única compañía que tolera,...