Llena de melancolía. Adquiriendo un descontrol total de sus impulsos. Dándose cuenta, nuevamente, de su absoluta miseria emocional; irrumpiendo en un horrible llanto que la desgarra fuertemente. Mostrando, de esta forma, todo el dolor que la consume; mientras, a su vez, sigue con su mirada fija y bien puesta en la fuente de su tormento. Sin apartarla, ni un segundo, del espejo que tiene en frente. Grandes lágrimas brotan de sus ojos, y van marcando un camino trémulo en sus mejillas, llegando a inundar con su tristeza todo lo que esté cercano a ella: sean personas o paredes. Sí, paredes, que llegan a ser concientes de la gran pesadez de sus lágrimas y sus tormentos más crónicos. Sin embargo, confía en las paredes, ellas la escuchan, le brindan un bien escaso: ser escuchado en silencio. Ahora se dirige a su habitación, a sus 4 paredes habituales. Se sirve un trago de vino para entrar en calor, y enciende un cigarrillo. Las paredes y los vicios resultan ser la única compañía que tolera,...