Apatriado en su bici.
Era poco menos del mediodía y hacía un sol tan terrible que me vi obligado a usar mis inseparables gafas baratas al estilo de John Lennon. Me había bajado del metro en la estación Poblado con la intención de poder escribir algo provocado por las calles, por la gente me fuese encontrando y narrarlo todo a lujo de detalle.
Iba por la Calle 10, bordeando un poco el parque del Poblado, viendo sus establecimientos, bares, cafeterías y panaderías. Me causó sorpresa cuando al tomar la última curva para continuar mi caminata, tropecé con un incontable número de panfletos, fotografías, afiches y carteles escritos en varios idiomas, desde el español e inglés hasta el francés y el ruso.
Levanto la vista y observo una bicicleta, normalita, no era una bicicleta profesional ni mucho menos; atada a ella habían 5 maletas típicas de mochilero, 2 a cada costado de la llanta delantera y las 3 restantes en un pequeño espacio improvisado ubicado atrás del sillín de la bici. También en el manubrio tenía instaladas 2 Go Pro, un reloj Casio atornillado y varios termos.
Llevo años buscando personajes llamativos, estrafalarios y únicos en las calles; y al verlo a él sentado al lado de su bicicleta, fumando un cigarrillo con la mirada desorbitada, el pelo desaliñado, una barba de varios días sin pulir y la ropa desgastada y sucia supe que había encontrado una pieza invaluable.
Me le acerco y lo saludo, le digo:
-Señor, buenas tardes, ¿cómo se encuentra?
Me mira con extrañeza y confusión añadiendo un ademán de repetirle lo que le dije. Vuelvo a hacerlo y la escena se rehace, entonces decido saludarlo en inglés.
-Where you from? -Es lo que resuelvo decirle-
El señor me mira con más atención, revela una pequeña sonrisa y de forma fraternal, con un acento entre americano, ruso y portugués, me contesta:
-No es necesario que me hables en inglés, yo entiendo el español.
Nos damos la mano y me pierdo unos segundos observando todos sus afiches expuestos en la acera, entre ellos tiene fotografías suyas en la torre Eiffel, en la Acrópolis de Atenas y en el Arco del triunfo de Barcelona. Uno de los carteles atrae mi atención más que los otros y dice, en mayúsculas llamativas.
30 años de viaje
Más de 200.000 Km en bicicleta
6 continentes
Personalmente, me considero un enfermo obsesivo de los viajes, de las culturas y la geografía y ahí tenía justo en frente a alguien que podría estar ahora mismo en las antípodas de su lugar de origen, en la completa lejanía de sus costumbres más propias. Pero, usualmente estas personas suelen llamarse apátridas porque no sienten el suficiente apego para nombrar a un sitio como su hogar.
Lo primero que le pregunto resulta ser lo más redundante e impulsivo.
-¿Has viajado por todo el mundo en esta bici? -Le digo, mientras la señalo y muestro facciones sorpresivas.
El señor me contesta cargado de ironía, pero sin maldad.
-He podido comprobar que Colombia es el único país, entre todos los que he estado, en el que la gente te pregunta las cosas más obvias.
No me lo tomo personal y ambos nos reímos. El ruido nos resulta ensordecedor porque estamos próximos a una calle muy transitada, la gente se tropieza entre si y la atmósfera general del parque transmite impaciencia debido al bochorno que está haciendo. Le empiezo a preguntar acerca de las especificaciones de las cámaras para entrar en confianza y pasado un rato voy soltando interrogantes más personales.
Su nombre es Depadua, tiene 63 años y nació en
Kazajistán, un país que limita entre Rusia y China. Tiene 8 hijos, cada uno con una mujer distinta y hasta los 30 años se dedicó a vivir, como él lo señalaba, una vida monótona y sin ninguna variación. Estudió ciencias políticas en Rusia y sus mayores pasiones son la biología orgánica y la ingeniería social. Es un completo intelectual mimetizado como un vagabundo.
Pasa a mostrarme un tatuaje que tiene en el hombro izquierdo que era una bandera rusa con una pequeña frase también en ruso, debajo de la bandera tenía tatuado una símbolo que parecía un geroglífico del cual se negó a revelarme su significado.
Depadua es un hombre sumamente particular. Sus razonamientos son gobernados por una lógica fría sumada al desapego y me repitió incontables veces que las emociones son la peor representación de la decadencia del ser humano. Me habló de la insensibilidad de las personas, de los desperfectos que hay en Europa del Este y de cómo aplicar la ingeniería social no en infraestructuras y edificios sino en cada individuo. Este señor seguramente podría ser un gurú en una comunidad hippie o un filósofo de la academia. Sin embargo, viajar es lo que lo forja realmente. Hablamos cerca de 2 horas y cada frase, cada idea expuesta por Depadua merecía una reflexión y era sostenida por la basta experiencia de un errante bohemio.
Le pregunté por su próximo viaje y no supo darme una respuesta. Para él no existe la noción del tiempo. El espacio solo se encarga de habitarlo, y las distancias son su motor de vida. Solo espero que, donde sea que decida prolongar su travesía, pueda seguir ondeando esa bandera ilusoria e inexistente que acompaña a cada trotamundos apatriado.
¡Te deseo un viaje Depadua!
Желаю тебе удачного путешествия, Депадуа.
🇰🇿
