Exiliado en mis laberintos.
Una vez abierta la claraboya
Se vierte un hilo de luz
En las tinieblas de encierro oscuro.
Mientras una pálida aura de tristeza
Me evoca tu mirada,
Que me hace fallecer de hipotermia.
Mi puerta se encuentra cerrada con pestillo.
No deja ingresar al cuarto ni el incesante correr de los segundos,
Porque aquí todo es quietud, todo es silencio.
Es un vacío inescrutable,
Donde mis palabras no pueden rozarse con las tuyas
Y el atropellado encuentro de nuestros cuerpos se imposibilita.
Llego a pensar que esta es mi condena,
O bien mismo mi salvación.
Porque en medio de los laberintos que ahora me forjan,
Prefiero estar perdido
A que encontrar nuevamente el camino hacia el paraje
Donde me arropaba un cálido manto
Cuando dejaba caer, exhausto,
Mi cuerpo sobre tu pecho.
