Placer visceral.

Cuerpos rebosan otros cuerpos. Un olor putrefacto inunda toda la callejuela. Y la mayor sorpresa aún se encuentra ahí. Con un cuchillo carnicero y proliferando un leve silvido, mientras continúa degollando y desmembrando,
A sus ya recién y fallecidas victimas. La sangre va creando caminos trémulos que se escuecen por un pequeña alcantarilla ubicada al costado de la acera.
Introduce una mano con toda su fuerza dentro de un cuerpo que acaba de abrir con un corte muy precario. Pues, clavó el cuchillo en la piel, desde la garganta hasta la parte inferior del abdomen. Y con gran rechazo lanza las viceras, calentitas, sobre el frío asfalto que rige la urbe.
Mata por placer. Un placer que encuentra en los gritos, la desesperación y hasta por ciertos vapores que emana el cuerpo cuando se encuentra al borde de la muerte. Es un impulso animal que lo domina. Y no resultan ser limpiezas sociales sus cometidos. No. Porque jamás ha buscado matar a un yonqui, ni a un expendedor de droga, ni prostitutas. Nada de eso. En cambio, acaba con la primera persona que se le cruce en medio de la penumbra y el frío que recorre esa callejuela, que ahora se encuentra habitada, y como sino sobraran ya, de un loco. Un loco que se hace llamar asimismo “El nuevo Jack el Destripador”.